Ningún crazy
Marcelo Araujo, relator y relato de los noventas.
Noche de diciembre de 1992, hace calor en la cancha de Independiente. Javier Baena acaba de descontar para Platense, que pierde con Boca por 2 a 1. Faltan 5 minutos y el joven defensor xeneize Luis Medero recibe la pelota en mitad de cancha. Parece que la va a tocar rápido, pero ensaya una aparatosa gambeta para desairar a un rival y encara.
Uno, dos, tres, cuatro, cinco futbolistas del Calamar pasan de largo y Medero entra al área por el medio. “Si lo haces me voy”, alcanza a decir Marcelo Araujo antes de que el zaguero la clave en un ángulo. “Basta para mí, eh. Señoras y señores, buenas noches”, cumple el relator y abandona la transmisión, dejando a su eterno coequiper Enrique Macaya Márquez hablando solo.
La actitud irreverente e insólita es una muestra de quién era Araujo en aquel amanecer de los 90s y de lo que era capaz de hacer. Estaba en la cresta de la ola. “Era un latiguillo habitual de los relatores ese de ‘si lo hace me voy’, pero nadie lo hacía. Yo lo hice”, recordaba muchos años después el hombre que supo encarnar mejor que nadie un cambio de época dramático en el fútbol argentino. Nada sería igual, ni adentro ni afuera de la cancha.
Nació en Villa Crespo, Buenos Aires, el 12 de junio de 1947 como Lázaro Jaime Zilberman. Cuando ingresó a la escuela del Círculo de Periodistas Deportivos -donde tuvo de profesor a Ernesto Cherquis Bialo- junto a su hermano del alma Mauricio Goldfarb, decidieron cambiar sus nombres por miedo a ser discriminados. Él eligió Marcelo Araujo por un piloto de carreras de la época. Su amigo se quedó con Mauro Viale.
Fue a su amigo Viale a quien a mediados de 1989 reemplazó en Fútbol de Primera, el programa insignia de Torneos y Competencias, cuando éste se mudó de ATC al Canal 9 de Alejandro Romay. Carlos Ávila, el dueño de TyC (y de la pelota por muchos años) eligió a Araujo por sobre otro joven relator llamado Marcelo Tinelli.
La química Araujo - Macaya fue instantánea. Y aunque FdP ya tenía cuatro temporadas, ahí fue donde empezó todo. Como un preludio de la frívola década por venir, Araujo comenzó a despuntar un nuevo estilo de relato que marcaría una época y dejaría huellas -buenas y malas- en el periodismo deportivo argentino.
“En esa época Víctor Hugo arrasaba y todo el mundo veía el partido por TV con el volumen bajo para escucharlo a él por la radio”, recordaba Araujo. “Nos propusimos devolverle el audio a las transmisiones por televisión, entonces fui buscando algunos dichos, algunas cosas y por suerte fue sucediendo”.
Esas “cosas” eran irreverencias que significaron un quiebre para el lenguaje televisivo. Desde decir “qué culo” cuando una pelota pegaba en el palo, burlarse de un futbolista que se perdió un gol hecho (“lo que te devoraste hermano”) o criticar un fallo del árbitro (“eso fue penal o yo estoy crazy, Macaya”), hasta anunciar que iba a “festejar con champú con Chiche” Duhalde un fin de semana de elecciones nacionales.
Se dice que es hincha de San Lorenzo, pero nunca lo blanqueó. Admira a Osvaldo Zubeldía, a Marcelo Bielsa y a Carlos Salvador Bilardo, a quien defendió en la previa del Mundial ‘86 espalda con espalda con su otro hermano de la vida, Fernando Niembro.
Con Niembro lo une más que la amistad: juntos fundaron la Escuela Superior de Ciencias Deportivas, que cerraron en 2014 dejando un tendal de docentes y alumnos. Juntos, también, simpatizaron con el entonces presidente Carlos Menem -de quien Araujo reconoció ser su amigo- y lo defendieron sin empacho desde sus micrófonos. En esa década del ‘90, una bisagra para el fútbol argentino, Araujo fue el relator y el relato de una época.
Caído en desgracia en 2004, cuando Fútbol de Primera lo reemplazó por Sebastián Vignolo, Araujo volvió reconvertido en El Relator del Pueblo a mediados de 2009 de la mano del Fútbol para Todos con el que el kirchnerismo le arrebató a Clarín el negocio del fútbol por TV. Resbaladizo, fue el director periodístico, relator principal y adalid del fútbol gratuito, aunque pocos meses antes había realizado una dura crítica a la iniciativa del Gobierno.
Su regreso como relator no fue el soñado: había perdido el ritmo, equivocaba sistemáticamente los apellidos de los futbolistas y su otrora chispa ya lucía demodé. En 2014 se fue en circunstancias poco claras y desde ese entonces, él mismo admite que “prácticamente” no trabajó más.
“No hago notas por el momento. Sorry”, me contestó con poca simpatía cuando intenté contactarlo para escribir este perfil. Lo último que se sabe de él se lo dijo en diciembre del año pasado al periodista chileno Leo Burgueño: que ya no extraña trabajar y que su relación con el fútbol es verlo por tevé desde el sillón de su casa.
(Este perfil fue publicado originalmente el 14 de febrero de 2021)



Estoy casi seguro de que eso que hizo en el gol de Medero ya lo había hecho antes en la radio, en Sport 80, en el gol de chilena de Francéscoli contra Polonia en Mar del Plata.